Cuatro años de Petro: balance de esperanzas y frustraciones en Colombia
Balance de cuatro años de gobierno Petro en Colombia

Cuatro años de Petro: entre la esperanza y la inercia

Hace cuatro años, más de 15 millones de colombianos acudieron a las urnas con la esperanza de un cambio radical. Los candidatos que llegaron a la segunda vuelta prometían romper con el viejo establecimiento, combatir el atraso económico, la pobreza extendida, la violencia de décadas, la corrupción endémica, la ineficiencia estatal y el desprecio por la ciudadanía.

Un gobierno que no empeoró, pero tampoco transformó

Hoy, Colombia no está significativamente mejor que hace cuatro años, pero tampoco ha empeorado de manera dramática. Muchos de los males que se le atribuyen al presidente Gustavo Petro ya existían antes de su llegada al poder. Los cambios profundos que se prometieron no han llegado, y el país parece sostenerse más por la inercia y la mediocridad que por una transformación estructural.

Colombia sobrevive gracias al rebusque, tanto lícito como ilícito, de su gente, más que por la eficiencia de sus instituciones estatales. El Estado sigue siendo un lastre en muchos aspectos, y las instituciones parecen funcionar a pesar de sí mismas.

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Subsidios y pobreza: un alivio temporal

Petro ha defendido que su gobierno ha disminuido la pobreza mediante ayudas económicas directas a los más vulnerables. Si bien este alivio momentáneo no es poca cosa, es insostenible a largo plazo. La pobreza no se supera manteniendo a la gente en condición de dependencia; eso perpetúa su postración.

Sin iniciativa personal y sin una ética del trabajo, las sociedades no prosperan. Los subsidios pueden ofrecer un respiro temporal, pero la verdadera superación de la pobreza requiere crecimiento económico real, industrialización, agricultura a gran escala, infraestructura moderna y una verdadera modernización del país.

La reforma agraria: justicia sin productividad

Repartir tierras puede ser un acto de justicia histórica, pero si no se enmarca en un proyecto coherente de productividad, con vías, distritos de riego, centros de acopio y fortalecimiento del mercado interno, puede convertirse en una nueva frustración. Muchos campesinos, sin capacidad para competir, terminan vendiendo sus predios a precios bajos, anulando el esfuerzo estatal.

La incoherencia del estilo presidencial

Nadie puede negar que Petro ha sembrado esperanzas en sectores tradicionalmente excluidos. Sin embargo, su estilo incoherente—un día hablando de reconciliación y al siguiente atizando la discordia, combatiendo la pobreza pero satanizando la riqueza—opaca los esfuerzos de sus partidarios.

Muchas personas dentro del petrismo trabajan con abnegación por un cambio real, pero sus logros se ven ensombrecidos por la vanidad, las manías y los caprichos del presidente, que a menudo centra la atención en sí mismo.

Colombia más visible: virtudes y defectos

Después de estos cuatro años, Colombia es más visible tanto para sus ciudadanos como para el mundo. Se destacan sus virtudes: riqueza natural, belleza geográfica, complejidad humana y talento excepcional. Pero también son más evidentes sus defectos: odio, violencia, ineficiencia estatal, corrupción, incapacidad de diálogo, inermidad ciudadana y el poder de los negocios criminales.

Denuncias selectivas y polarización

Petro ha tenido el valor de denunciar los horrores cometidos por la derecha en el pasado, pero no ha mostrado la misma contundencia para criticar los crímenes de las izquierdas armadas. Tanto él como Álvaro Uribe enfatizan los errores de sus adversarios mientras justifican o silencian los propios, polarizando aún más a la sociedad.

El peligro de volver al pasado

Colombia no puede permitirse retroceder a ciclos de violencia y odio heredados. Las próximas elecciones son cruciales: deben mantener la esperanza de un cambio real y evitar caer en contrarrevoluciones preventivas que llenen nuevamente los ríos de muertos.

El país necesita un líder que ofrezca prosperidad, eficiencia administrativa, serenidad, reconciliación y oportunidades para todos. Alguien que crea en un proyecto de país, no solo en intereses personales o sectarios.

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Los candidatos en la mira

Iván Cepeda se presenta como una opción serena, hablando de una revolución ética y austeridad en el gasto. Aunque en el pasado se le asoció con un odio hacia Álvaro Uribe, ha optado por llevar sus causas a la justicia, un camino civilizado.

Roy Barreras, conocido por cambiar de bando, es elocuente al hablar de economía a gran escala, infraestructura y unidad nacional. Sin embargo, queda la duda de si sus palabras se traducirán en acciones concretas.

Sergio Fajardo posee virtudes como honestidad, inteligencia y capacidad administrativa. No cae en la demagogia ni la polarización, aunque algunos critican su falta de indignación frente a los problemas del país.

Abelardo de la Espriella no parece una opción viable. Su vanidad, agresividad y desprecio por lo colombiano, incluyendo faltas de respeto a comunidades indígenas, lo descalifican ante muchos electores.

En definitiva, tras cuatro años de gobierno de Gustavo Petro, Colombia sigue en una encrucijada. La esperanza de cambio persiste, pero debe materializarse en acciones concretas y un liderazgo que trascienda la polarización y construya un futuro inclusivo y próspero para todos.