Las tensiones entre el Gobierno y el Banco de la República podrían terminar impactando el crecimiento económico de Colombia en 2026, en un contexto marcado por inflación persistente y decisiones de política monetaria cada vez más restrictivas. Así lo advierte el más reciente informe macroeconómico de Itaú, que señala que el choque institucional eleva los riesgos sobre la actividad y la confianza en el corto plazo.
Fricción entre autoridades económicas
El documento destaca que la fricción entre las autoridades económicas se ha intensificado en medio del debate por las tasas de interés. Mientras algunos miembros de la Junta del Banco de la República reafirman su compromiso con la meta de inflación del 3%, el Ministerio de Hacienda ha cuestionado el endurecimiento monetario, argumentando efectos negativos sobre el crecimiento, el empleo y la sostenibilidad fiscal.
Riesgos de incertidumbre institucional
Según el informe, esta diferencia de enfoques no solo refleja una discusión técnica, sino que abre un frente de incertidumbre institucional. “La fricción institucional sigue elevada, reforzando los riesgos al alza para la trayectoria de la tasa de política”, señala Itaú, al advertir que el entorno podría afectar las expectativas de los agentes económicos.
El banco también alerta que el Gobierno ha planteado la posibilidad de nuevos incrementos del salario mínimo en caso de que continúen las alzas en las tasas de interés, lo que añadiría presión adicional sobre la inflación. Aunque existen límites legales a este tipo de decisiones, el informe advierte que la presión política podría mantenerse en los próximos meses.
En este escenario, la credibilidad de la política económica se convierte en un factor clave, dado que la interacción entre decisiones fiscales y monetarias no solo influye en los precios, sino también en la inversión y en la percepción de estabilidad del país frente a los mercados internacionales.
Inflación persistente obliga a mantener tasas altas
El informe de Itaú revisó al alza su proyección de inflación para 2026 hasta 7%, reflejando presiones derivadas del aumento del salario mínimo, el encarecimiento de la energía y la posible llegada de un fenómeno de El Niño en el segundo semestre. Estas condiciones configuran un entorno en el que los precios seguirían creciendo por encima del objetivo del Banco de la República.
En marzo, la inflación anual se ubicó en 5,56%, mientras que la inflación subyacente alcanzó 6,32%, su nivel más alto desde mediados de 2024. Además, la inflación de servicios se aceleró a 7,3%, impulsada por efectos de indexación tras el incremento del salario mínimo.
En este contexto, Itaú ajustó su previsión de tasa de interés de cierre de año a 12,5%, por encima del 12,0% estimado previamente. Este nivel implicaría un entorno de crédito más costoso durante más tiempo, lo que, si bien contribuye a contener la inflación, también limita el dinamismo de la economía.
Crecimiento económico se enfría
El impacto de estas condiciones ya se refleja en las proyecciones de actividad. Itaú redujo su estimación de crecimiento del PIB para 2026 a 2,1%, en un entorno en el que la economía muestra señales de debilidad, especialmente en los sectores primarios. El inicio del año ha sido más lento de lo esperado, con indicadores que evidencian una expansión moderada.
El Índice de Seguimiento a la Economía (ISE) creció 1,6% interanual en febrero, mientras que el dato de enero fue revisado a la baja a 1,3%. Sin embargo, el informe destaca que el consumo mantiene cierta resiliencia, apoyado en un repunte de la confianza del consumidor y en una mayor disposición a adquirir bienes durables.
A pesar de este soporte, el panorama general sigue siendo de bajo dinamismo. La combinación de tasas altas, inflación persistente y tensiones institucionales configura un escenario en el que la economía no entra en crisis, pero tampoco logra consolidar una recuperación robusta en el corto plazo.
Presión fiscal adicional
En paralelo, el frente fiscal también añade presión, dado que la ejecución del gasto público se aceleró en el primer trimestre, alcanzando el 19,2% del presupuesto anual, por encima del 16,2% del año anterior. Este comportamiento, junto con un déficit acumulado de 1,7% del PIB a febrero, refuerza las preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal.
En este entorno, el informe concluye que el verdadero reto para la economía colombiana no es solo controlar la inflación, sino hacerlo en medio de tensiones políticas y fiscales que pueden condicionar las decisiones de política económica. El resultado será determinante para el ritmo de crecimiento en lo que resta del año.



