El verano del año pasado en Japón fue el más caluroso desde 1898, según reportes de la Agencia Meteorológica de Japón. Para el próximo verano, las expectativas indican que las temperaturas superarán los 40 °C, lo que ha llevado a las autoridades a declarar un estado de alerta ante lo que denominan kokusho, o “calor cruel”.
Factores que agravan la situación
Además del cambio climático, un nuevo factor se suma al sofoco: la guerra en Irán y su impacto en los suministros de petróleo, lo que afecta directamente la generación de energía. Esta situación recuerda al verano de 1979, cuando la segunda crisis petrolera golpeó a Japón. En aquel entonces, las reservas de petróleo apenas cubrían tres meses y los suministros desde Irán cayeron un 10 %. El gobierno solicitó a la ciudadanía reducir el consumo eléctrico en un 10 %, y para sorpresa de muchos, el ahorro voluntario superó la meta en una semana, sin necesidad de multas ni emergencias. La única medida oficial fue permitir a los empleados públicos asistir a las oficinas sin saco ni corbata, algo inusual en una sociedad tan formal.
Iniciativas gubernamentales
En 2005, la entonces ministra de Medio Ambiente, Yuriko Koike, lanzó la campaña Cool Biz, promoviendo vestimenta ligera en oficinas para reducir el uso de aire acondicionado de mayo a octubre. El 24 de abril de este año, Koike, ahora gobernadora de Tokio, emitió la directriz Tokyo Cool Biz, que recomienda “vestimenta informal que priorice la comodidad, incluyendo polos, camisetas, zapatillas deportivas y, según el puesto, pantalones cortos”, según The Times of India.
Medidas adicionales
La iniciativa también promueve el teletrabajo, adelantar las jornadas laborales y adoptar comportamientos permanentes de ahorro energético. Koike espera que estas prácticas se extiendan al sector privado y a toda la ciudadanía. Estas decisiones se basan en dos pilares: la determinación política y la disciplina social, reflejada en la solidaridad y el respeto por el bien común.
La combinación de calor extremo y crisis energética exige una respuesta coordinada, y Japón apuesta por medidas preventivas que involucren a toda la sociedad.



