Ley de trazabilidad cárnica: oportunidad para proteger la Amazonía
Ley de trazabilidad cárnica: oportunidad para la Amazonía

Opinión: La ley de la trazabilidad de la carne: una oportunidad para proteger la Amazonía

Por: Laura Caicedo, Coordinadora de Campañas para Greenpeace Colombia

Greenpeace Colombia, 4 de mayo de 2026

Durante años, Colombia ha vivido una paradoja incómoda: mientras se habla de proteger la Amazonía, se consumen productos que pueden estar vinculados a su destrucción, sin que los ciudadanos lo sepan. La aprobación del Proyecto de Ley de Ganadería Sostenible y Libre de Deforestación marca un punto de inflexión. Saber es proteger la Amazonía. Esta ley no solo reconoce un derecho básico —conocer el origen de los alimentos— sino que plantea algo más profundo: la posibilidad de transformar uno de los sectores más importantes del país sin continuar destruyendo el bosque más valioso.

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La carne que llega a las ciudades no se sabe si proviene de una finca legal o de un terreno que recientemente era selva. No porque los ciudadanos no quieran saber, sino porque la información no existe o no es accesible. Actualmente, menos del 1% de los datos oficiales permite rastrear si el ganado pasó por zonas deforestadas. Mientras tanto, la realidad avanza: más del 60% de la deforestación del país ocurre en la Amazonía, y más del 50% está asociada a la expansión de la frontera ganadera.

Esta ley cambia las reglas del juego. Por primera vez, Colombia tiene la posibilidad de conectar sistemas que hoy funcionan como islas: registros sanitarios, mapas de deforestación, catastro y propiedad. En otras palabras, pasar de un modelo basado en la opacidad a uno basado en datos. De la promesa a la evidencia.

Esto no es un detalle técnico, es una transformación estructural. Cuando el origen de la carne se puede rastrear, ocurren tres cosas fundamentales: se protege el bosque, se fortalece la institucionalidad y se premia al productor que hace las cosas bien. El debate debe cambiar: esta no es una ley contra la ganadería, sino una oportunidad histórica para modernizarla.

Hoy, sin trazabilidad, todos pierden: el consumidor, que no puede elegir; el Estado, que no puede controlar; y el productor responsable, que no puede demostrar su compromiso. La ley corrige eso. Introduce herramientas clave como la identificación individual del ganado en zonas críticas, la debida diligencia obligatoria para frigoríficos y exportadores, y la creación de un sello que permita al ciudadano tomar decisiones informadas en el punto de compra. Pero quizás lo más importante es el cambio de lógica: pasar de un sistema donde la deforestación se esconde en la cadena productiva, a uno donde no tiene dónde ocultarse.

Cada árbol que cae en la Amazonía afecta el ciclo del agua que llega a las ciudades, impacta la agricultura, encarece los alimentos y profundiza las sequías. Defender la selva no es una causa abstracta: es una decisión que incide directamente en la vida cotidiana de millones de colombianos.

El país dio un paso importante, pero no es suficiente. Falta la conciliación entre Cámara de Representantes y Senado, la sanción presidencial y, sobre todo, una implementación real, con recursos y voluntad política. Colombia tiene todo para liderar este cambio en la región: sistemas, conocimiento y territorio.

La Amazonía y la ciudadanía colombiana han esperado demasiado tiempo para que la transparencia se convierta en realidad. Esta ley tiene el potencial de ser una herramienta clave para frenar la deforestación y proteger uno de los ecosistemas más vitales del planeta. Ahora, lo que está en juego es que ese potencial no se diluya. Seguiremos de cerca la implementación de esta ley y animamos a la ciudadanía a ser veedores de su cumplimiento, para que la carne que consumimos sea efectivamente libre de deforestación.

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