Hoy, sábado 2 de mayo, se conmemoran 24 años de uno de los episodios más trágicos del conflicto armado en Colombia: la masacre de Bojayá, ocurrida en 2002 en el departamento del Chocó. Más de dos décadas después, la violencia y el sufrimiento en esta región no han cesado.
El contexto del horror
La masacre se produjo en medio de los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los paramilitares del bloque Elmer Cárdenas. La población civil de Bojayá quedó atrapada en el fuego cruzado. Decenas de familias buscaron refugio en la iglesia de Bellavista, creyendo que sería un lugar seguro. Sin embargo, el templo se convirtió en escenario de la tragedia.
El sacerdote Antún Ramos Cuesta relató: “La masacre se da porque actores de las FARC y los paramilitares deciden enfrentarse en medio de la población civil de Bojayá”.
Los fatídicos días
Los combates iniciaron el 1 de mayo de 2002. Al día siguiente, alrededor de las 11:00 a.m., los paramilitares lanzaron un explosivo contra las FARC, y estos respondieron con una pipeta que cayó directamente sobre la iglesia donde se resguardaban los civiles. El resultado fue devastador: 79 personas muertas, entre ellas 48 niños y niñas. Algunos registros elevan la cifra de víctimas mortales.
La Defensoría del Pueblo recordó que se habían emitido alertas tempranas que no fueron atendidas, lo que agravó la magnitud de la masacre.
El dolor que persiste
El sacerdote Ramos describió el caos: “Ver que la pipeta cae donde teníamos a los niños y mujeres embarazadas fue un hecho muy doloroso. Ahí yo pierdo por ratos la conciencia”. Tras la explosión, el desplazamiento forzado marcó el destino de muchas familias, que huyeron del terror.
Veinticuatro años después, la situación en el Chocó no ha cambiado significativamente. La región continúa siendo escenario de hechos violentos que mantienen en riesgo a sus habitantes. La masacre de Bojayá sigue siendo una huella imborrable que duele y que recuerda la urgencia de la paz en Colombia.



