Hospital de la Paz: un proyecto de reparación para víctimas de violencia sexual
Hospital de la Paz: reparación para víctimas de violencia sexual

Unas cien voces de mujeres víctimas del conflicto armado, junto a otras cien del coro Cheminade de cantantes profesionales de Colombia, abrieron la presentación de los diseños del Hospital de la Paz en la Universidad Nacional, en diciembre del año pasado. Entonaban “Canción sin miedo”, de la mexicana Vivir Quintana, himno latinoamericano de la fuerza femenina y la lucha por la justicia. “Que tiemble el Estado, los cielos, las calles. Que teman los jueces y los judiciales. Hoy a las mujeres nos quitan la calma. Nos sembraron miedo, nos crecieron alas. Cantamos sin miedo, pedimos justicia. Gritamos por cada desaparecida. Que retumbe fuerte: ¡nos queremos vivas!”

Con esas voces de fondo, en ese mismo escenario se mostró por primera vez el hospital, un proyecto emblemático de reparación para víctimas de violencia sexual en el conflicto armado. Un lugar cuyo diseño está marcado por algo poco habitual en la arquitectura hospitalaria: el silencio, el tiempo propio y la reconstrucción del cuerpo. Tras esa presentación de diciembre, el Hospital de la Paz entró en una fase decisiva, con el cierre de su estructuración financiera y la apertura del proceso de licitación prevista para mayo. La iniciativa, que volvió a tomar visibilidad durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), pasó así del terreno de la planeación a una etapa clave de ejecución.

Un proyecto con dimensión simbólica y política

Liderado por la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales y el programa Presencias - Sonidos & Ecos de la Universidad Nacional, el proyecto tiene una dimensión simbólica y política que va más allá de la infraestructura. Busca convertirse en un modelo de sanación integral que combine salud física y mental, acompañamiento judicial, memoria y procesos comunitarios. “Diría que esta es la obra física más importante del Acuerdo de Paz, y que refleja y sintetiza los elementos claves de este Acuerdo: la centralidad de las víctimas”, explicó Pilar Rueda, parte del equipo de la UIA de la JEP.

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El proyecto cuenta con financiación del Ministerio de Salud y del Ministerio de Hacienda. Según Rueda, hay COP 194.000 millones de vigencias futuras para empezar la construcción en el segundo semestre de este año. “Esta es una medida de reparación temprana solicitada por las víctimas de violencia sexual en el conflicto armado, inspirada en el modelo del Hospital Panzi, en la República Democrática del Congo. Incorporamos el arte, espacios para quienes acompañan a las víctimas y lugares para la resignificación del cuerpo”, señaló Rueda en el evento de la Filbo.

Inspiración en el Hospital Panzi

El Hospital Panzi fue fundado en 1999 por el doctor Denis Mukwege y es uno de los más reconocidos mundialmente por atender a sobrevivientes de violencia sexual y lesiones ginecológicas graves. La iniciativa colombiana, que se construirá en Cumaral (Meta), busca ofrecer atención integral con un modelo que combina servicios médicos, apoyo psicosocial, acompañamiento legal y procesos de reparación.

“Este hospital es muy retador, porque propone un modelo de atención en salud diferente que incorpora el componente legal, el económico, la salud sexual y reproductiva, la salud mental, el bienestar espiritual y el arte. Es todo un sistema que busca que la víctima supere esa experiencia traumática y pueda recuperarse”, explicó Rueda. Para las víctimas en Colombia, el hospital representa algo más que una infraestructura. “Las víctimas de violencia sexual nos sentimos reparadas con el Hospital de la Paz porque sabemos que allí no se repetirán prácticas institucionales que nos han estigmatizado y en ocasiones nos han hecho más daño”, afirmó Ángela María Escobar, coordinadora de la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales.

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Otras voces lo han planteado como una forma concreta de reparación al recibir atención en salud, pero también contar con garantías de no repetición en un espacio diseñado para su dignificación. “Es lo que necesita el país, y creo que es un acto de reconciliación, de amor, de fraternidad y de avance como sociedad”, dijo Olga Betancourt, víctima de violencia sexual, en el evento de diciembre. El presidente de la JEP, Alejandro Rammelli, subrayó el enfoque institucional del proyecto: “Cuando decimos que las víctimas están en el centro es cierto. En estos temas tan sensibles les hemos dado toda la voz”.

Traducir el dolor en el diseño del hospital

El enfoque del hospital también se refleja en su diseño arquitectónico, a cargo del chileno Alejandro Aravena, Premio Pritzker 2016. Aravena explicó que el proceso partió de escuchar a las víctimas antes de proponer soluciones. “No es entregarle el lápiz a alguien para que dibuje cómo quiere el espacio. Ese es mi trabajo. Se trata de entender qué esperan que resolvamos. Primero escuchas y solo entonces propones”, indicó durante la presentación de los diseños.

Aravena advirtió que el reto va más allá de lo técnico. “Un hospital es uno de los proyectos más difíciles que un arquitecto puede hacer, pero encima este proyecto tiene una carga, un peso. Las historias de las víctimas no solo son muy fuertes, requieren saber cómo traducir la propuesta”, señaló. Esa traducción se materializa en una idea central: el Hospital de la Paz no busca parecerse a un hospital. Será, en sus palabras, “una casa con sentido de comunidad, un lugar sanador, saludable y acogedor, una especie de segunda casa”.

El diseño incorpora la naturaleza como eje estructural y plantea espacios poco convencionales en este tipo de infraestructura, como un mercado, un gimnasio y una galería de arte. Estos lugares buscan que las víctimas puedan habitar el espacio a su propio ritmo. “La idea es darles un espacio para cuidar su tiempo”, explicó el arquitecto, de modo que no estén obligadas a recibir atención inmediata si no se sienten preparadas.

“Es un modelo de atención diferente que busca que la víctima supere esa experiencia traumática y pueda recuperarse”, señaló Rueda, y explicó que todo tiene la integración de dimensiones que el sistema de salud tradicional no cubre. El Hospital de la Paz pondrá a prueba la capacidad del Estado de cumplirles a las víctimas y, al mismo tiempo, una idea más ambiciosa: que la arquitectura puede ser, en sí misma, una forma de reparación.