La administración estadounidense ha endurecido el cerco económico sobre La Habana y evalúa despliegues navales en el Caribe, según declaraciones del presidente Donald Trump en el Forum Club de West Palm Beach, Florida. Ante un auditorio de empresarios y líderes políticos, Trump advirtió que su gobierno tomará el control de Cuba en un futuro inminente.
Amenazas y nuevas sanciones
“Vamos a tomar Cuba muy pronto. Tras lo de Irán, quizá acerquemos el USS Lincoln a sus costas y entonces se rendirán”, afirmó el mandatario. Sus palabras estuvieron respaldadas por un nuevo paquete de sanciones que busca asfixiar económicamente al gobierno de Miguel Díaz-Canel, justo cuando la isla conmemoraba el Día Internacional de los Trabajadores.
El presidente firmó un decreto que endurece las restricciones económicas, poniendo la lupa sobre los bancos extranjeros que operan con La Habana. Este nuevo cerco no solo afecta el flujo financiero, sino que impone límites migratorios y golpea sectores vitales como el energético y el minero. Las sanciones también apuntan a individuos señalados por violaciones graves a los derechos humanos, sumándose al embargo histórico que rige desde 1962.
Impacto regional y reacciones
El endurecimiento de estas medidas ha encendido las alarmas en el sector empresarial internacional. Jeremy Paner, exinvestigador de sanciones del Departamento del Tesoro, advierte que el alcance de este decreto podría ser devastador para compañías extranjeras que antes lograban separar sus negocios en Cuba de sus operaciones en Estados Unidos. Sectores como la banca, el petróleo y el gas están bajo un escrutinio directo que no permite zonas grises.
Mientras tanto, en las calles de La Habana, el ambiente es de resistencia. El pasado 1 de mayo, frente a la embajada estadounidense y con la presencia de Raúl Castro, el gobierno cubano movilizó a miles de ciudadanos para rechazar lo que consideran una escalada de amenazas militares. Por ahora, el silencio oficial de la administración de Díaz-Canel ante el último decreto de Trump contrasta con el ruido de sables que llega desde el norte, dejando claro que la tensión en el Caribe está lejos de haber alcanzado su punto máximo.



