Costa Rica quiere que los vuelos de más de 5,8 millones de colombianos que hacen turismo en el exterior aterricen en sus tierras. Desde hace media década, el país centroamericano ha consolidado un modelo turístico que, alejado del consumismo, se apoya en sus mayores fortalezas: la biodiversidad, el patrimonio histórico y el cada vez más popular bleisure, la modalidad que combina ocio y negocios en un mismo destino.
Una estrategia basada en la naturaleza
La estrategia parte de una premisa clara: convertir la riqueza natural en el principal motor del desarrollo turístico. Aunque ocupa apenas el 0,03 % de la superficie del planeta, Costa Rica alberga cerca del 6,5 % de la biodiversidad mundial. Además, más del 25,7 % de su territorio está protegido y la cobertura boscosa supera el 58 %; cifras que reflejan una política pública que durante décadas ha priorizado la conservación como un activo para impulsar la economía, fortalecer las comunidades y diferenciar al país en una industria turística cada vez más competitiva.
Liderazgo en turismo sostenible
Ireth Rodríguez, jefa del Departamento de Promoción y Desarrollo del Segmento Vacacional del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), asegura que ese liderazgo responde a una visión de largo plazo que identificó en la conservación, la calidad de vida y la autenticidad una oportunidad para posicionarse entre los principales destinos del mundo.
“Los viajeros buscan mucho más que visitar un lugar; quieren vivir experiencias transformadoras, conectarse con la naturaleza, cuidar su salud física y emocional y relacionarse con las comunidades locales”, explica Rodríguez.
Riqueza natural y áreas protegidas
El país cuenta con 153 Áreas Silvestres Protegidas, cuatro sitios declarados Patrimonio Mundial por la Unesco y una extensa red de parques nacionales, reservas biológicas y corredores biológicos que conservan ecosistemas únicos. Estos espacios permiten desarrollar actividades de bajo impacto ambiental mientras acercan a los visitantes a una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta.
Senderismo, observación de aves y mamíferos, recorridos por bosques tropicales y nubosos, visitas a volcanes, experiencias gastronómicas elaboradas con productos frescos y locales, aguas termales y actividades de relajación forman parte de la oferta.
Nicoya: una Zona Azul como atractivo
Uno de los mayores referentes de esa apuesta es Nicoya, en la provincia de Guanacaste. Esta región alberga una de las cinco Zonas Azules reconocidas en el mundo, territorios donde sus habitantes registran una expectativa de vida superior al promedio global. La alimentación basada en productos naturales, las relaciones comunitarias y el contacto permanente con la naturaleza se han convertido en elementos de interés para viajeros que buscan experiencias vinculadas con el bienestar integral.
Bleisure: negocios y ocio combinados
A esa visión se suma una tendencia que gana espacio en el mercado internacional: el bleisure, modalidad que integra los viajes de negocios con actividades de ocio. Ireth Rodríguez, de ICT, considera que reúne esas condiciones gracias a su conectividad aérea, su red hotelera y una oferta que permite pasar de una reunión corporativa a una caminata por un bosque nuboso, una sesión de relajación en aguas termales o una experiencia gastronómica basada en ingredientes locales.
Alianza estratégica: MICE Forest
Desde el Instituto Costarricense de Turismo también se impulsa MICE Forest, una iniciativa que vincula la industria de reuniones, incentivos, congresos y eventos con proyectos de regeneración ambiental. El programa busca que la realización de encuentros empresariales tenga un impacto positivo sobre los ecosistemas y fortalezca el compromiso del sector con la sostenibilidad.
Beneficio para las comunidades
La estrategia turística también pone el foco en las comunidades. El modelo busca distribuir los beneficios económicos en diferentes regiones mediante la participación de pequeñas y medianas empresas, cooperativas, asociaciones de desarrollo, emprendimientos rurales, productores agrícolas, artesanos, guías turísticos y comunidades costeras que encuentran en el turismo una fuente de empleo e ingresos.
“La conservación y el desarrollo económico deben avanzar juntos”, afirma Rodríguez. Ese principio ha orientado programas que fortalecen el empleo local, promueven la participación comunitaria y generan incentivos para proteger los recursos naturales.
Corredores biológicos y pago por servicios ambientales
Entre esas iniciativas sobresalen los corredores biológicos, que cubren más del 38 % del territorio continental y funcionan gracias al trabajo conjunto entre instituciones públicas, organizaciones ambientales y actores locales. A ello se suma el Programa de Pago por Servicios Ambientales, mediante el cual miles de familias reciben incentivos económicos por contribuir a la recuperación de los bosques y a la protección de fuentes hídricas y ecosistemas estratégicos.
Proyección a futuro
La hoja de ruta para los próximos años contempla fortalecer el posicionamiento internacional de Costa Rica como un destino referente en turismo sostenible y bienestar. El Instituto Costarricense de Turismo proyecta consolidar un crecimiento que genere valor para las comunidades, contribuya a la conservación del patrimonio natural y responda a un viajero cada vez más interesado en experiencias auténticas, responsables y de alta calidad.
Con esa combinación de biodiversidad, patrimonio, bienestar y turismo corporativo, Costa Rica aspira a conquistar nuevos mercados, entre ellos el colombiano. La estrategia busca atraer visitantes que prolonguen sus estadías, recorran diferentes regiones y encuentren en el país una experiencia donde la naturaleza, la cultura y la calidad de vida convergen en una misma propuesta. Esa mezcla se ha convertido en el principal sello de un destino que transformó su riqueza ambiental en una ventaja competitiva con proyección global.



