Oliver Kahn, histórico portero del fútbol alemán, nació hace 57 años en Karlsruhe, un pequeño pueblo de Alemania. Su carrera comenzó en 1969 y lo llevó a ser uno de los arqueros más emblemáticos del mundo, pero también a cargar con una pesada culpa: el error en la final del Mundial de 2002 contra Brasil, que le costó el título a su selección.
Una carrera llena de éxitos y una sombra imborrable
Kahn debutó en el Karlsruher S. C. II en 1987 y se retiró en 2008 en el Bayern Múnich. Ganó ocho Bundesligas, la Champions League en 2001, la Copa Intercontinental, la Europa League de 1996 (antes Copa de la UEFA), seis DFB Pokal y cinco Copas de la Liga alemana. También conquistó la Eurocopa en 1996. Sin embargo, ningún título logró borrar la pesadilla del error en la final del Mundial de 2002.
“No hay consuelo. Tengo que vivir con este error yo solo. Por mi culpa, todo se ha perdido. Fue mi único error en siete partidos y me castigaron por ello. Es diez veces más amargo”, declaró Kahn tras el partido, con semblante rígido.
La rivalidad con Lehmann y el respeto de sus compañeros
En el Mundial de 2006, el entrenador Jürgen Klinsmann eligió a Jens Lehmann como portero titular, relegando a Kahn al banquillo. A pesar de la rivalidad, Lehmann recordó: “Nuestra relación nunca fue de amigos, pero siempre hubo un respeto profesional brutal. En el Mundial 2006, cuando me dio la mano antes de los penales contra Argentina, demostró la grandeza de un verdadero deportista, a pesar del dolor de estar en el banquillo”.
Thierry Henry, por su parte, dijo: “Había porteros buenos y luego estaba Kahn, que jugaba cada partido como si fuera una guerra personal. Intimidaba tanto a los delanteros que muchas veces fallábamos solo por la presión de tenerlo enfrente”.
El legado de un gigante
Kahn fue elegido por la IFFHS como mejor portero del mundo en tres ocasiones, cuatro veces por la UEFA como mejor portero de Europa y dos veces futbolista alemán del año. Es el arquero con más partidos disputados en la Bundesliga. Aunque nunca ganó la Copa del Mundo, su actuación en el Mundial de 2002 se convirtió en leyenda.
Hoy, a sus 57 años, está casado, tiene dos hijos y se mantiene cerca del fútbol, pero ha dejado atrás la máscara de sujeto rudo y agresivo. Incluso se disculpó con Iker Casillas por negarle el intercambio de camisetas en un partido contra España en 2003. Y aunque nunca pidió a Aníbal Pereira que le devolviera los guantes que dejó olvidados en el arco tras la final perdida contra Brasil, su historia sigue siendo una de las más fascinantes del deporte.



