Corrupción y autoritarismo: el legado del gobierno Petro
Corrupción y autoritarismo en el gobierno Petro

La corrupción como tema central en la campaña electoral

Bien podemos afirmar que la corrupción ha estado presente desde los albores de la humanidad, manifestándose en diversas especies del reino animal, sin distinción de épocas ni fronteras. Sin embargo, en Colombia, este fenómeno ha cobrado una relevancia inusitada al convertirse en el eje de numerosas campañas electorales. ¿La razón? Este gobierno ha llevado la corrupción a niveles sin precedentes, como lo evidencia el organigrama de la corrupción publicado por El Espectador el 30 de noviembre de 2025. No se trata de casos aislados o de componendas entre politiqueros locales, sino de una red que involucra al círculo más cercano del presidente, incluyendo a familiares en primer y segundo grado de consanguinidad (su hijo y su hermano), así como a altos cargos de la administración pública y la economía estatal, como la presidencia de Ecopetrol y el Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE).

El titular del DAPRE, tras fugarse, fue encontrado bailando protegido en la residencia de la embajada en Nicaragua, en momentos en que se emitía una circular roja de la Interpol. El ministro del Interior acumula siete investigaciones en la Corte Suprema de Justicia. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con su capacidad de contratar directamente sin límite de cuantía, se convirtió en un manjar para los corruptos; su confeso director, Olmedo López, desvió recursos a su favor y el de terceros. La confidente secretaria privada del presidente perdió una gruesa suma de dinero en efectivo, lo que llevó al suicidio de un coronel cercano al caso, horas después de pagar cincuenta millones de pesos como anticipo a un abogado. Este suicidio ha sido puesto en duda por las autoridades forenses, y la niñera del coronel fue conducida por la policía a un sótano del Palacio para que, bajo intimidaciones, confesara ser la autora del robo.

Nombramientos polémicos y falta de requisitos

El jefe de gabinete, el pastor Alfredo Saade, fue nombrado embajador en Brasil, a pesar de estar sancionado por la Procuraduría. El presidente cerró su mandato con el nombramiento del exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, como Superintendente de Salud, con tres imputaciones penales activas y 55 de sus exfuncionarios y contratistas investigados. También nombró al exalcalde de Cali, Iván Ospina, imputado por la Fiscalía y suspendido por la Procuraduría, como director de la Nueva EPS, que maneja recursos para la salud de más de once millones de colombianos. La insistencia en nombrar a Juliana Guerrero, de 23 años, como viceministra, a pesar de no cumplir los requisitos, desencadenó una persecución contra quien lo denunció. La entonces directora del DAPRE, Angie Rodríguez, presentó denuncias por amenazas y extorsión, con frases como: "Aquí el chisme, la calumnia y la mentira es política de gobierno".

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Gustavo Petro calificó como su "mayor error" el nombrar personas que no servían, en más de 60 oportunidades en sus ministerios. Con estas afirmaciones, el presidente da la clave para acabar la corrupción: nombrar personas honestas y calificadas, como lo han hecho miles de funcionarios públicos en el país. ¿Qué queda entonces a los candidatos presidenciales? Convertir la lucha contra la corrupción en bandera de campaña, dejando en segundo plano propuestas como cerrar brechas mediante inversión en educación, ciencia, tecnología, salud e infraestructura. Una nación mejor formada y conectada crea condiciones de seguridad, otro gran clamor ciudadano.

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Autoritarismo y debilitamiento institucional

El estilo autoritario del presidente fomenta comportamientos corruptos. La corrupción no solo implica apropiación de recursos públicos, sino también abuso de poder. Un ejemplo es su interés en direccionar recursos públicos para promocionar su gobierno, buscando la continuidad de su programa. Al presidente le incomodan los tres pilares de la democracia: el sistema judicial, el parlamento y la prensa. Prefiere gobernar mediante decretos y ha mostrado faltas de respeto a subalternos, especialmente mujeres y minorías, en televisión en horario triple A. Desde una tarima en la Plaza de Bolívar, ondeó la bandera de la guerra a muerte y la espada de Bolívar, declarando la guerra a sus compatriotas. ¿Puede llamarse demócrata quien actúa así? Nos recuerda a dictadores como Augusto Pinochet. La similitud entre el kepis y las gafas oscuras de Pinochet con la cachucha de Petro, decorada con el escudo patrio y ramas de laurel, es inevitable. Cada vez que vemos al presidente, traemos a la memoria la imagen de su mentor, el general Gustavo Rojas Pinilla, el único dictador que ha tenido Colombia.