Hace casi dos décadas, durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, la autora de este artículo experimentó en carne propia la transformación social que solo la cultura puede generar. Bajo el lema 'Colombia diversa: cultura de todos, cultura para todos', se impulsó la diversidad al nombrar a una ministra afrocolombiana de 29 años, Paula Andrea Moreno Zapata, nacida en Santander de Quilichao.
La cultura como motor de cambio
Desde entonces, la música dejó de ser exclusivamente sinfónica para reconocer ritmos tradicionales como la chirimía y el currulao. En el Museo Nacional de Colombia se exhibieron rituales fúnebres de pueblos del Pacífico. Se creó el Plan Nacional Audiovisual, que permitió a los colombianos verse reflejados en la pantalla grande y constatar su diversidad. Desde el área de literatura, se estableció la primera Biblioteca de Literatura Afrocolombiana y la de los Pueblos Indígenas. El Plan Nacional de Danza reconoció ritmos y movimientos ancestrales que hasta entonces habían sido invisibilizados.
Todo esto sembró una semilla y dejó una estructura instalada que el gobierno de Gustavo Petro supo aprovechar y llevar más allá. El actual Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes ha recibido partidas presupuestales históricas para ampliar la formación artística a nivel nacional, expandiendo la visión de país hacia y desde otros territorios, lenguas y pueblos.
Avances y desafíos del cuatrienio
Durante este cuatrienio, el diálogo cultural se expandió. Las voces de los pueblos afros, indígenas, rom y campesinos, su representación, hablan hoy de un país que reconoce las identidades históricamente excluidas y las incluye en la cancha donde antes no habían sido invitadas. Sin embargo, la autora reconoce las muchas carencias y descalabros de una administración cuya labor ha sido deficiente en varios frentes. No obstante, en este periodo se ha llevado la representación a otro plano, permitiendo que ciudadanos que antes no tenían oportunidad participen en la gestión pública.
Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, entiende que la gente vota por un relato con el que se identifica. En su relato, la cultura es un territorio compartido, festivo e incluyente. Como decía Antonio Gramsci, la cultura es el territorio donde se ganan las carreras políticas.
El llamado a la oposición
La gran pregunta que se plantea la autora es si Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella comprenden esto. ¿Ven que hay una parte del país que se siente representada por primera vez y que espera seguir dentro de la cancha? ¿Entienden que figuras como Paula Moreno, Aurora Vergara, Francia Márquez o Aida Quilcué son la representación que da visibilidad a millones de colombianos? ¿Saben que cultura no son solo espectáculos, sino también representación, identidad y narrativa? ¿Se dan cuenta de que es la fuerza que mueve las emociones de los electores hacia un ideal más allá de datos fríos?
De ser así, la autora se pregunta qué esperan para hacérnoslo saber. El país ha cambiado, el mundo ha cambiado y el electorado no es el mismo de antes. La representación de país que se ve en las campañas de Paloma y Abelardo es una foto sepia donde el país imaginado, la esperanza en un cambio y una convivencia más igualitaria podría al menos parecer más plural, menos centralizada y tradicional. Valdría la pena ampliar el foco de visión para tener una perspectiva más panorámica del país en toda su dimensión, una foto en la que salgamos todos.



