Para Juan David Velasco, socio de Impuestos de Baker McKenzie Colombia, el debate tributario en el país ha girado durante años alrededor del recaudo. En su opinión, el verdadero desafío es construir un sistema estable, competitivo y simple que genere confianza para invertir y permita que las empresas colombianas se expandan sin dejar de tener al país como su centro de decisiones.
¿En Colombia, cada vez que se habla de impuestos, la conversación termina girando alrededor del recaudo? ¿Estamos haciendo la pregunta equivocada?
Sí. La discusión debería empezar por el sistema tributario que necesita Colombia para atraer inversión y generar crecimiento. Los países que más capital atraen tienen tres elementos en común: estabilidad, competitividad y simplicidad. Colombia tiene el talento para competir, pero necesita reglas claras que permitan que el capital llegue, permanezca y se multiplique desde Colombia hacia el mundo.
¿Qué buscan realmente los inversionistas?
Buscan certeza. Más que incentivos temporales, necesitan reglas estables durante todo el ciclo de la inversión. Quieren saber cómo se gravarán las utilidades, cuál será el retorno esperado y qué ocurrirá si en el futuro venden su inversión. La confianza no se construye con beneficios transitorios, sino con estabilidad y seguridad jurídica.
¿Por qué Colombia también debe pensar en el crecimiento de sus propias empresas y no solo en atraer inversión extranjera?
Porque el capital no se queda quieto. Cada vez más empresas colombianas están creciendo en otros mercados y eso debería verse como una oportunidad. El reto es que puedan expandirse sin trasladar fuera del país su centro de decisiones por razones tributarias. Canadá creó incentivos para que el capital generado en el exterior regrese y financie nuevas inversiones.
¿Con quién está compitiendo realmente Colombia por atraer inversión?
Compite con economías de todo el mundo. Estados Unidos tiene una tarifa corporativa federal del 21 %; Perú, del 29.5 %, mientras Colombia mantiene una carga superior para varios sectores. Más que depender de incentivos temporales, el país necesita una tarifa corporativa estable y competitiva, idealmente por debajo del 30 %, que genere confianza para invertir.
¿Más allá de las tarifas, qué debería cambiar?
También necesitamos un sistema mucho más simple. Hoy existen demasiadas formalidades que generan costos para las empresas y para el Estado sin traducirse en un mayor recaudo. La modernización de la DIAN debe seguir avanzando con tecnología e inteligencia artificial para facilitar el cumplimiento y ofrecer mayor certidumbre.
¿Si Colombia hiciera bien la tarea durante la próxima década, cómo debería verse el país?
El éxito de Colombia no debería medirse solo por la inversión extranjera que atrae, sino también por su capacidad para crear empresas que se expandan al mundo sin dejar de crecer desde aquí. Colombia necesita compañías con vocación global, pero que tomen decisiones y generen valor desde el país. Para que esto ocurra, es clave contar con un sistema tributario competitivo que incentive la inversión, el crecimiento empresarial y la repatriación de dividendos, como regla general, sin tributación facilitando que el capital pueda retornar al país.
¿Qué cambia para las empresas cuando las decisiones tributarias ya no se toman dentro de una sola jurisdicción?
Las decisiones de inversión ya no pueden analizarse desde un solo país. En Baker McKenzie combinamos el conocimiento local con una práctica integrada en más de 45 países. Trabajamos como una sola firma para ayudar a nuestros clientes a estructurar sus inversiones con una visión coordinada de los distintos sistemas tributarios.



