No tiene ninguna gracia endeudar al país para despilfarrar dejando una enorme deuda que todos tendremos que pagar, como lo ha hecho Petro. De la Espriella recibe un país en emergencia fiscal, empeñado como nunca, y que paga gran parte de sus ingresos en intereses de deuda. Ya pasó la campaña y no funcionan las promesas. Tiene la tarea prioritaria de generar riqueza y poner en orden la administración.
El voto castigo y sus implicaciones
El voto castigo fue un pronunciamiento ciudadano sobre corrupción y malos manejos en seguridad, economía, instituciones y gobernabilidad, sobre los que cada día conoceremos más, una vez corrido el velo de las narrativas y amenazas presidenciales que, con el ambiente de zozobra creado, no dejaban ver la realidad. También fue un rechazo a la mala costumbre de utilizar la ideología como pretexto para justificar todo tipo de barbaridades, entre ellas la notoria desidia en la administración del patrimonio público.
Ganar elecciones, siendo una tarea compleja, es mucho más sencillo que lograr buenos gobiernos. Realizar un inventario del estado de nuestro país es solo una referencia. La comprensión de los escenarios y los actores, la perspectiva, las metas y la capacidad de ajustarlas a una realidad que cambia cada día constituyen el verdadero desafío que el nuevo gobierno debe ahora acometer. Le corresponde sustituir las herramientas para ganar elecciones por las de gobernar.
Necesidad de una rendición de cuentas
Más que el corte de cuentas anunciado, resulta indispensable una rendición y aclaración de balances públicos. Así sea para pagar las deudas, necesitamos conocer la situación de entidades como la Nueva EPS y otras administradas, en últimas, por el gobierno, cuyas cuentas de los últimos años no se conocen. Ese inventario es indispensable. Podría resultar que el déficit fiscal que deja el gobierno Petro se encuentre aún más subestimado de lo que ha denunciado el Comité Autónomo de la Regla Fiscal.
No se trata de poner el retrovisor ni de perseguir a nadie. Cualquier gerencia debe partir del inventario que recibe, estableciendo la situación real de las cuentas públicas. No se pueden recibir como herencia patrimonios negativos sin poner en su lugar a los responsables y, en un acto de transparencia, informar a la opinión pública.
Prioridades del nuevo gobierno
Par y paso con lo anterior, el gobierno entrante debe convertir el mandato recibido en políticas públicas ejecutables a través de un plan considerando el tiempo —los inexorables cuatro años de su mandato— y la legislación disponible. El objetivo central debe ser generar riqueza y empleos para tener de donde redistribuir. Establecidas y cuantificadas esas prioridades, corresponde nombrar a las personas que las gestionarán, y no antes.
A diferencia de lo que ocurre en el sector privado, la incertidumbre, limitaciones y susceptibilidad de los fenómenos políticos requieren de personas con el doble perfil técnico y político. El nuevo gobierno debe considerar que el país pudo descender hasta un gobierno como el de Petro solamente por la incapacidad de una dirigencia caduca que fracasó. El vicepresidente tiene mucho trabajo por hacer.
El verdadero desafío: reconstruir el país
Los colombianos no eligieron un nuevo administrador del déficit, sino un gerente para corregirlo. El éxito del nuevo gobierno no se medirá por la cantidad de anuncios ni por el tamaño del Estado, sino por la recuperación de la confianza, el crecimiento de la economía, la creación de empleo y el saneamiento de las finanzas públicas. Esa será la única encuesta que realmente importe dentro de cuatro años.
De la Espriella irá descubriendo que el premio mayor no era la Presidencia, sino el enorme desafío de reconstruir a un país a punto de derrumbarse.



