Hace unas semanas, los investigadores ecuatorianos David Ricardo Díaz-Guevara y Alexander Bentley se encontraban en una expedición nocturna en el corredor Llanganates-Sangay, una franja de conservación de más de 90.000 hectáreas entre los Andes y la Amazonía ecuatoriana. Durante su recorrido, los científicos se fijaron en un hongo que llamó su atención. Sin embargo, se llevaron una sorpresa al encontrar que no era un hongo, sino una araña.
Una nueva especie para la ciencia
Por la experiencia de ambos científicos, sobre todo de Díaz-Guevara, que es curador de la Colección Nacional de Arácnidos de Ecuador en el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio), sabían que estaban ante una especie nueva. Con ayuda de Nadine Dupérré, del Museo de la Naturaleza de Hamburgo del Instituto Leibniz para el Análisis del Cambio de la Biodiversidad (LIB), Díaz-Guevara y Bentley iniciaron análisis para determinar si se trataba de una nueva especie.
Los resultados de su trabajo, que fueron publicados hace unas semanas en la revista académica Zootaxa, determinaron que se trataba de una nueva especie para la ciencia, a la cual nombraron Taczanowskia waska.
Primer caso de araña que imita un hongo parásito
De acuerdo con los científicos, este es el primer caso documentado de una araña que imita a un hongo parásito que infecta a su propia especie. “Por lo tanto, este descubrimiento aporta nuevas perspectivas sobre la evolución del mimetismo y el papel ecológico de tales adaptaciones”, señalaron los investigadores. En concreto, la especie recién descubierta imita el cuerpo fructífero de un hongo del género Gibellula que crece sobre las arañas. “Se caracteriza por estructuras alargadas en su abdomen y una superficie pálida, similar a la de un hongo. Además, la araña permanece inmóvil en el envés de las hojas, precisamente donde se encuentra este hongo”, agregaron los investigadores.
Mimetismo para protección y caza
Tanto la apariencia física como el comportamiento sugieren, a los ojos de los científicos, un alto grado de mimetismo, que le sirve a la araña tanto para protegerse de los depredadores como para facilitar su propia caza.
Este hallazgo representa un avance significativo en el estudio del mimetismo en arácnidos y abre nuevas preguntas sobre las interacciones ecológicas entre arañas y hongos parásitos en los ecosistemas tropicales.



