Desde la Segunda Guerra Mundial, las democracias liberales han sostenido sus contratos sociales sobre tres pilares: libertad, prosperidad y Estado de Derecho. Sin embargo, según la exministra española Ana Palacio, este sistema está en crisis debido a la globalización que ha pauperizado a muchos hogares europeos, concentrado la riqueza y erosionado la clase media, haciendo inaccesibles proyectos como la compra de vivienda, especialmente para los jóvenes.
La ruptura del contrato social
Palacio señala que la falta de prosperidad compartida hace que la libertad se perciba como una farsa, debilitando la fe en el Estado de Derecho y alimentando el malestar popular. Los políticos populistas han aprovechado esta frustración para politizar los sistemas judiciales, mientras que las instituciones de la Unión Europea se muestran fragmentadas o débiles para actuar con eficacia.
El Estado de Derecho en riesgo
El Estado de Derecho no es solo un conjunto de normas, sino el principio de sumisión de la fuerza a la razón. Sin él, el poder se vuelve arbitrario y la libertad se confunde con el deseo, permitiendo exigencias de decir cualquier cosa sin rendir cuentas. Los avances tecnológicos, como la inteligencia artificial, amenazan con agravar estas tendencias si no se regulan adecuadamente.
El espejismo autoritario
En lugar de fortalecer el Estado de Derecho, muchos ven el modelo autoritario como solución. China promueve su autoritarismo capitalista como superior, ofreciendo resultados inmediatos. Sin embargo, Palacio advierte que esa retórica oculta una realidad donde la ley sirve al gobernante y la libertad es prescindible. Aunque la democracia pueda parecer un precio pequeño a cambio de eficiencia, la pérdida de derechos es significativa.
El camino para Europa
Para resistir los cantos de sirena, Europa debe convertir su experiencia regulatoria en acción: desarrollar una arquitectura energética resiliente, funciones de seguridad y defensa sólidas, y una política industrial que no castigue la innovación. También debe ejercer una diplomacia que reúna a actores con ideas afines en torno a principios compartidos.
En última instancia, Europa debe restaurar y reequilibrar los tres pilares de su contrato social: una economía que cree oportunidades para todos, una política que restablezca la rendición de cuentas, y una cultura que reconozca la libertad como inseparable de la responsabilidad. No es nostalgia, sino un requisito para la estabilidad y el progreso futuros.



